Nunca el tiempo es perdido

El tiempo avanza siempre con la misma cadencia. Es en qué y con quién lo invertimos lo que hace que las horas se conviertan en segundos o en días.

Yo prefiero la primera opción…

Hacer aquello que me apasiona. Como en este mismo momento. Rodearme de personas que suman. Con las que hablar durante horas de lo más banal y lo más trascendental. Con las que reír hasta llorar y llorar hasta reír. Con las que soñar sin miedo a juicios. Disfrutar de unos minutos de (soledad) mi propia compañía. Para conocerme. Para reflexionar. Para estar en paz.

Personas que suman
Fotografía: Allen Taylor.

Aunque la segunda opción es inevitable…

Porque ocurren cosas. Y bajamos los brazos con tanta fuerza que nos impide levantar los pies del suelo. Porque es difícil abrir los ojos si es para ver que quien antes estaba a tu lado, ahora se aleja. Porque en algún momento condenamos, ya no el futuro, sino el presente, pensando que el pasado fue mejor.

Alejarse
Fotografía: Emma Simpson.

Pero nunca el tiempo es perdido siempre que no eternicemos esta segunda opción que, además de inevitable, a veces es necesaria. Para darnos cuenta de que el tiempo todo lo cura, pone a cada uno en su lugar y vuela. Por eso, debemos aprender del pasado y preparar el futuro sin olvidarnos de que lo más importante es vivir el presente.

Laura M. Jiménez

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